Introducción
Durante gran parte del siglo XX, numerosos estudios registraron un fenómeno sorprendente: los puntajes de coeficiente intelectual (CI) parecían aumentar de generación en generación.
Este proceso, denominado efecto Flynn en honor al investigador James R. Flynn, reflejaba una mejora sostenida en las capacidades cognitivas medidas por pruebas estandarizadas. Sin embargo, a partir de finales del siglo XX y en distintos países desarrollados, la tendencia comenzó a revertirse. A este fenómeno se lo conoce como efecto Flynn inverso.
El estudio de esta inversión no solo es un tema de psicometría, sino también un espejo de los cambios sociales, culturales y tecnológicos que atraviesan a la humanidad. Comprender sus causas es esencial para diseñar políticas educativas y sociales que permitan contrarrestar posibles retrocesos en el desarrollo cognitivo.
El efecto Flynn: una breve revisión
El efecto Flynn describe el incremento promedio de entre 2 y 3 puntos de CI por década observado en más de 30 países durante el siglo XX. Las explicaciones principales abarcan mejoras en la nutrición, mayor acceso a la educación, urbanización, complejidad de los entornos laborales, y el creciente contacto con medios simbólicos como la lectura y las matemáticas.
Sin embargo, la continuidad de este fenómeno parecía depender de la persistencia de esas condiciones de progreso. Cuando el entorno socioeconómico se estabilizó, y aparecieron nuevas formas de vida, la tendencia dejó de ser ascendente.
El efecto Flynn inverso: definición y alcance
El efecto Flynn inverso designa la reducción en los puntajes promedio de CI observada en varios países desarrollados desde la década de 1990 en adelante. Investigaciones en Noruega, Dinamarca, Finlandia, Reino Unido y otros contextos mostraron que las nuevas generaciones, en lugar de superar a las anteriores, obtenían resultados iguales o inferiores.
Esta tendencia preocupa porque sugiere que factores sociales y culturales estarían limitando o incluso deteriorando el desarrollo de ciertas capacidades cognitivas, especialmente las vinculadas al razonamiento abstracto y a la resolución de problemas complejos.
Si bien el Efecto Flynn es un fenómeno multicausal como la mayoría de los cambios sociales, en este análisis nos detendremos en dos de los aspectos más significativos en los que la mayor parte de los investigadores están de acuerdo y son los relacionados a la Educación y al uso inadecuado de las tecnologías digitales.
Cambios en los sistemas educativos
A mediados del siglo XX las escuelas se orientaban a fortalecer habilidades analíticas, matemáticas y de lectura pero en las últimas décadas algunos sistemas han priorizado metodologías más superficiales, con menor énfasis en la memorización significativa y en el pensamiento crítico.
Diversas corrientes pedagógicas, muchas de ellas sin bases neurocientíficas serias, generaron teorías de aprendizaje sumamente cuestionables sin saber siquiera cuáles son las “formas naturales y evolutivas” a través de las cuales el cerebro aprende mejor.
Como bien dice Francisco Mora, muchos de estos autores de “pedagogías ligh” son como “diseñadores de guantes que nunca han visto una mano” y con la ingenuidad propia de los sistemas educativos, se llevaron a la práctica masiva en las aulas sin tener en cuenta el daño sustancial que iban a hacer en un conjunto importante de generaciones.
Con frecuencia solemos escuchar que los sistemas educativos están atrasados más de cien años pero la realidad es que en términos de aprendizaje aquellos alumnos de hace cien años atrás aprendían más que los nuestros y de hecho como mide la curva de Flynn, sus coeficientes intelectuales iban en aumento.
El cliché carente de sentido neurobiológico “que dice que los alumnos tienen que memorizar menos” lleva a una pérdida de “plataformas basales del conocimiento” que nuestro cerebro necesita como insumo para realizar tareas tan importantes como el análisis crítico, la asociación creativa o la semántica relacional entre otras cosas.
En definitiva la Educación se ha deteriorado en su efectividad y necesitamos de un análisis profundo para mejorar el declive de la misma y lograr que al menos los alumnos terminen sus estudios primarios y secundarios sabiendo leer, escribir y realizar síntesis de al menos media carilla de texto. Competencias éstas que eran naturales para nuestros abuelos pero hoy en muchos casos son la excepción.
El desequilibrio en actividades relacionadas con el arte, la música y otros lenguajes de “nuestro sistema límbico” que han ido desapareciendo de las curriculas paulatinamente a niveles mínimos, son otra fuente de deterioro neurocognitivo que para muchos docentes y pedagógos pasan desapercibidas porque por ejemplo no saben que la prosodia y la rítmica en la lectura de un texto están más relacionadas con el centro neural que procesa el lenguaje musical que con la actividad repetida en sí misma.
Nuestro cerebro trabaja en engramas y redes y por ese motivo no es tan sencillo dejar de formar en algo porque esa acción puede repercutir en otras parte de un sistema que de hecho está interconectado de una manera que todavía no terminamos de comprender en su profundidad y complejidad.
La estandarización de los sistemas educativos muchas veces marcada por las “evaluciones internacionales” también tienen su cuota parte en este deterioro y juegan un rol importante en la reducción de márgenes para el desarrollo de competencias profundas.
Éstos son algunos puntos en
2. Influencia de las tecnologías digitales
El impacto de la tecnología es ambivalente. Si bien Internet democratiza el acceso a la información, también fomenta estilos de atención fragmentada y consumo rápido de contenidos.
Las redes sociales, los videojuegos de baja complejidad cognitiva y el multitasking constante podrían estar debilitando las funciones ejecutivas, la memoria de trabajo y la capacidad de concentración sostenida.
3. Cambios en el entorno cultural y familiar
Las familias modernas dedican menos tiempo a la lectura compartida, el diálogo profundo o las actividades cognitivamente enriquecedoras. Asimismo, el incremento del tiempo frente a pantallas y la reducción del juego libre en la infancia afectan la exploración creativa y el pensamiento simbólico.
4. Factores socioeconómicos
En algunos países, las brechas de desigualdad han limitado el acceso equitativo a recursos educativos y culturales. El efecto Flynn positivo había estado muy ligado a la expansión de oportunidades; cuando estas se estancan o retroceden, la tendencia se revierte.
5. Factores ambientales y de salud
La exposición a contaminantes, la calidad de la alimentación y el estrés crónico también inciden en el desarrollo cognitivo. Algunos estudios sugieren que la modernidad trae consigo nuevos riesgos ambientales que pueden afectar al cerebro en desarrollo.
6. Saturación del efecto positivo
Otra hipótesis plantea que el efecto Flynn positivo no podía prolongarse indefinidamente. Una vez alcanzado un techo en las mejoras derivadas de educación, nutrición y urbanización, se habría iniciado una meseta seguida de un descenso, donde las nuevas generaciones ya no superan a las anteriores.
Implicancias sociales y educativas
El efecto Flynn inverso plantea un desafío para las sociedades contemporáneas: ¿cómo mantener el progreso cognitivo en un mundo donde abundan estímulos digitales y nuevas formas de interacción? Lejos de demonizar la tecnología, el reto está en orientarla hacia usos activos y creativos. También es necesario replantear la educación, privilegiando la resolución de problemas, la lectura crítica y el desarrollo de la imaginación.
Asimismo, la comprensión del fenómeno debe ser contextualizada: no se trata de un descenso universal ni lineal, sino de una señal de alerta que invita a revisar cómo los entornos culturales y tecnológicos influyen en la inteligencia colectiva.
Conclusión
El efecto Flynn inverso evidencia que el desarrollo cognitivo no es un proceso garantizado, sino un logro frágil, dependiente de las condiciones sociales, educativas y culturales. Mientras el siglo XX fue testigo de una expansión de las capacidades medidas por el CI, el siglo XXI enfrenta el reto de preservar y renovar esos avances.
Si se reconoce que las causas son múltiples —educativas, tecnológicas, culturales y ambientales—, también se abre la posibilidad de actuar en varios frentes para fomentar el pensamiento crítico, la creatividad y la concentración profunda.
El desafío consiste en transformar la modernidad en un contexto que estimule, y no que limite, el potencial cognitivo de las generaciones futuras.